viernes, 11 de junio de 2010

MI BARRIO


Mi barrio exhibe un aire engreído, que ha ido adquiriendo gracias a venias poco ortodoxas recolectadas con tesón, a los postres de comilonas con cargo a los contribuyentes. Aquí, quien mas, quien menos, come jabugo tornadizo, gambas de Huelva con pasaporte falsificado, angulas de ojitos maquillados, y langostinos de rayas carcelarias; hablan de la crisis como de una prima lejana, y miran con aprensión el crédito de la tarjeta, temiendo que en cualquier momento, la prima, acompañada de la benemérita, decida instalarse en casa.
Cuando llegamos al distrito, traíamos el cinto bien apretado, más letras que el abecedario chino y una ilusoria hermandad, bien cimentada en las lentejas y garbanzos que aromatizaban la escalera.
Carolina Herrera, era el nombre de la cuñada pindonga de mi hermana, los cocodrilos se veían en los documentales de la tele y por Audi atendía el perro rabón de la vecina del cuarto.
En el ascensor, los entonces tiernos infantes, eran referencia obligada, amén de alguna receta de callos a la riojana o el inefable intercambio de trucos para limpiar manchas sediciosas.
Éramos jóvenes entusiastas, entregados a la tarea de vivir, por aquella época nadie había vendido aún el alma a precio de saldo bancario, y es que todavía cantábamos convencidos “libertad sin ira” pensando que lo mejor, estaba por llegar.
¡Y vaya si estaba por llegar!, en pocos años el garaje de la finca, se ha convertido en una exposición de coches importados, las mujeres de mis vecinos, en esculturales modelos con domingas de plástico y labios como morcillas,
Las charlas culinarias del ascensor son, soliloquios petulantes y los solidarios garbanzos han sido reemplazos por delicateses con denominación de origen.
Ingentes rebaños de aligatores, adornaban las ahora infladas pecheras de los ilustres y Carolina, la pindonga, comparte hasta el inodoro con los meritorios parleros.
Por arte de birli birloque, los chalet de lujo, brotan como champiñones por doquier, engordando el patrimonio de mis vecinos.
Lo cierto es que poseen una habilidad innata para el transformismo, cambian hoces por rosas que al poco sustituyen por gaviotas añil que sobrevuelan, majestuosas, las finanzas de los escogidos, para sucumbir, según exigencias del guión, a manos del puño florido, sin que el trasigo les cause el mas mínimo contratiempo.
Mientras, yo, con los principios intactos y la conciencia mas limpia que unos calzoncillos lavados con Ariel, echo el bofe vendiendo aceitunas de seis en seis y chocolatinas de oferta, así y todo, me las veo y deseo para hacer llegar la camisa al final de la espalda, e invento números de funámbulo para seguir financiando mi puesto de trabajo y sacar adelante con dignidad proletaria a la familia.
Ahora, dicen mis vecinos, desde la ventana cómplice que tendré que currar hasta los setenta años, que quizás no haya fondos para la retribución que me corresponde, que hay que ahorrar.
Y miro el tono violáceo de mis piernas, y escucho la melodía de mis castigados huesos
y me pregunto, si mereció la pena.




11 comentarios:

Noray dijo...

"cambian hoces por rosas que al poco sustituyen por gaviotas añil que sobrevuelan, majestuosas, las finanzas de los escogidos, para sucumbir, según exigencias del guión, a manos del puño florido, sin que el trasiego les cause el mas mínimo contratiempo."


Esto es lenguaje poético de alto vuelo.




Un abrazo.

Jesús Arroyo dijo...

Conchi:
Esto es como entrar en esas tiendas de productos gastronómicos de origen, mirar, incorporar y paladear...
Una maravilla, guapa.

carmen jiménez dijo...

Pues no sé si mereció la pena mi querida Conchi. Pero desde luego lo que sí merece la pena es esta exposición tan exquisita como tú misma. Esta exposición llena de verdades tan poéticas que llegan hasta el alma y la atraviesan de recuerdos parecidos donde todo merecía la pena. Recuerdos donde la algarabía de la puerta nos arrancaba una sonrisa a pesar de todos los pesares. Ahora cuesta un poco más sonreír, un poco más llegar a fin de mes (y mira que costaba!!!), pero sobre todo cuesta un poco más tener confianza.
Despertaste mi nostalgia pero también mi conciencia. Esa es la que cuenta.
Besos mil Conchi.

Marisa Pérez Muñoz dijo...

Tampoco fueron buenos tiempos aquellos del ¡"Já, Peludo"! y los recuerdas con nostálgia; y yo diría que hasta con un cierto cariño.

¿Estos de ahora también serán recordados con idéntico sentir o estaremos a punto de perder la memoria?

¿Ya sabemos si tu futuro segundo nieto será niño o niña?

Miles de besos.

H- Marisa

Jesús Arroyo dijo...

Gracias por apuntarte al III Encuentro.

Jorge Torres Daudet dijo...

Estupendo tu blog, ya había entrado en él, y fenomenal descripcion de tu barrio, donde veo se cambia fácil de chaquetas... Tienes una muy buena prosa , así como tu poesía, que saboreé con deleite en vuestro recital.
Fué muy grato conoceros.
Un beso muy fuerte.

Terly dijo...

Pura poesía, mi querida Conchi, de realidades que no son sueños, que se confunden con el adoquín de las aceras, que se agarran a las farolas no para sujetarlas, sino para sujetarse al caer por su propio peso.
Y llegará el día en que desaparezcamos todos en las aguas pantanosas de la patria, unos con la hoz en su mano, con la rosa otros y a los que vuelan con alas de gaviota se les cubrirán de barro para caer en picado y hundirse junto a ellos.
¿Mereció la pena? No lo sé, sólo lo sabremos cuando ya no podamos saber nada.
Un beso, amiga.

irene dijo...

A veces yo también me lo pregunto, y en muchas ocasiones me digo que sí, que mereció la pena, que siempre hay momentos vividos que la merezcan, aunque otros sean de muchísimo desencanto, y que tengo esperanza en que las cosas mejoren, y que me hace ilusión, por ejemplo, que llegue el 18 de septiembre.
Besos, Conchi.

irene dijo...

Se me olvidaba, me encanto Valladolid, y compartir poesía con vosotras.
Más besos.

Abuela Ciber dijo...

Creo que siempre vale la pena dar un paso más.

Fue gratisimmo leerte.

Cariños

Jesús Arroyo dijo...

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